Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relato. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de mayo de 2011

19.

La cama está deshecha, las sábanas rotas, la ventana abierta y las cortinas se alzan hacia la calle. Se ve a una chica sentada en el suelo, desnuda, las piernas abiertas. No es guapa, la imagen no es, en absoluto, sexual; mirada perdida, maquillaje corrido, se frota la cara en un vano intento de arreglarlo mientras el brazo izquierdo yace muerto en un costado. La moqueta está manchada, vemos una cinta de goma tirada y, a su lado, una cuchara.

- ¿Qué te parece?

- No lo se, aún no lo se, pero siento el estómago algo revuelto al mirarla.

- Perfecto, ¡es perfecto! Al menos sientes. ¡Gracias! – dijo C. riendo algo histriónicamente.- ¿te puedo invitar a un café?¿O una copa?- ya totalmente serena.

Por primera vez I. la vio. Consiguió apartar su mirada de la fotografía en la pared, la miró a ella, y minutos más tarde la veía, cuando sintió el estómago bien, la vio. Y entonces la inquietud y la sensación desagradable volvieron, C. le produjo exactamente la misma sensación que la fotografía, aunque C. sí era atractiva, o eso creía. Lo era. O no. En cierto modo.

-Claro.

martes, 18 de enero de 2011

14. Beatriz

(2)

¿Te has fijado? Llueve. Me gusta ver la lluvia desde la ventana, no, me gusta oír la lluvia desde la ventana. Una vez, creo que debía tener yo unos nueve años, llovía, mi madre había salido, creo que necesitaba un sombrero nuevo, o que decía que yo necesitaba uno… no lo recuerdo. La lluvia era fuerte, y me asomé a la ventana para que me mojase, de pronto no me parecía suficiente con verla y oírla desde la ventana. No se si alguna vez has visto llover así, de verdad, juraría que yo nunca lo he vuelto a ver; era una explosión de agua. Estando completamente mojada me invadió… no se como llamarlo… pero me costaba respirar a causa de los nervios, de la emoción, de pronto quería correr, necesitaba correr; quería gritar, necesitaba gritar. Salté por la ventana, no te asustes, no era alta; y me fui corriendo y chillando por los jardines hasta el barranco. Creo que esa fue la vez en que mi corazón latió más deprisa. Corrí, grité y reí. No se que era lo que me hacía gracia pero no podía parar de reír en una risa que tenía tanto o más de chillido que los que soltaba deliberadamente. No se cuanto rato estuve ahí, no me acuerdo, pero sé que de pronto llegó Iván, me cogió con una toalla y me llevó a casa, delante del fuego. Todo el mundo estaba como loco, ella completamente furiosa e ida, esa parte del recuerdo es mucho menos agradable. Ves, te he contado algo, lo único que tenías que hacer era no preguntar. Y esperar a que lloviera, claro.

¿Cómo? ¿Frustración? ¿Por qué? Tardaron bastante en cogerme, no encuentro en mi memoria otra situación en la que fuese tan feliz siendo yo una niña, ni en la que hubiese estado tanto tiempo al aire libre y sola, sin normas; fue toda una aventura, me sentía como un personaje de novela, te parecerá una tontería pero cuando estaba en casa leer era lo que más me gustaba del mundo, supongo que era una vía de escape… I wish I could find a good book to live in / Wish I could find a good book / Will if I cold find a real good book / I'd never have to come out and look. Creo que Iago fue mi amigo, él y Maca seguramente han sido los dos únicos amigos que he tenido, Iago era el que me elegía los libros y el que me enseñó a leerlos, mi tutor.

Mañana te lo cuento, te lo prometo. Estoy cansada, voy a dormir un rato, creo que esta tarde vienen Esther y Miguel.

***

lunes, 10 de enero de 2011

12. Beatriz

(1)

Todo lo que yo quisiera, todo, excepto aquello que necesitaba. Siendo honesta no suponía un problema, sin haber conocido eso a lo que llaman vida, no podía saber lo que me faltaba.

Tú seguramente has anhelado en algún momento ciertos aspectos de mi infancia y juventud, las comodidades, los lujos, los viajes… pero yo te he envidiado y te envidio por poder incluir en tu diccionario vital palabras como decisión, elección, amiga, padre, aire…

Hoy me ha vuelto a visitar Esther. Sigue ayudándome a ordenar las piezas de mi rompecabezas, me alivia, pero me resulta agotador. Cada pequeño fragmento de mi existencia al que logro otorgarle un sentido, que logro entender en si mismo y en comparación con una existencia normal ,(o aquello que el resto de las personas consideran una existencia normal), me roba el aire, me produce un dolor en el pecho, un desazón… cada cosa que comprendo hace que deje de comprender, o que me de cuenta de que no comprendo, otras diez.

Esther me ha preguntado porque no llevaba las medias que me trajo en su última visita, parece que está preocupada por mi salud, por si paso frío, o algo parecido, lo intenté el día que me las dio, intenté ponérmelas por la noche, y lo he vuelto a intentar esta mañana, sabía que le habría hecho ilusión, pero no puedo. De verdad, no puedo soportarlas. No se como las demás podéis. Se pegan a las piernas, si se tratase del cuello nos impediría por completo la respiración, ¡moriríamos ahogadas! y sí, es cierto, no os las ponéis en el cuello, pero eso no me calma. Me provocan la misma sensación de encierro, de ahogo, me dan eso que dijiste el otro día…¿Cómo se llamaba?

Sí, exacto, claustrofobia.

Es curioso ¿no? Mi vida ha transcurrido de principio a fin entre cuatro paredes, entre una gran variedad de paredes pero siempre entre cuatro de ellas. Lo normal sería que ahora que estoy aquí me asustasen los paseos, los jardines y me encuentro hablando contigo contándote que un par de medias me dan claustrofobia… no se a que se debe, si lo descubro pronto te lo contaré.

No, no me apetece contarte mis primeros recuerdos, esa historia ya me la se. ¿Porqué no me cuentas los tuyos?

Ya… siempre igual, estás aquí para que hable yo… pues hoy no. Creo que me voy a dormir.

***