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lunes, 17 de octubre de 2011

28. Don Juan

Ya deberías saber a estas alturas que un hombre de conocimiento vive de actuar, no de pensar en actuar, ni de pensar en que pensará cuando termine de actuar.
Por eso un hombre de conocimiento elige un camino con corazón y lo sigue; y luego mira y se regozija y se ríe; y luegi ve y sabe. Sabe que su vida se acabará en un abrir y cerrar de ojos; sabe que él, sí como todos los demás, no va a ninguna parte;sabe, porque ve, que nada es más importante que todo lo demás. En otras palabras, un hombre de conocimiento no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni nombre, ni tierra, solo tiene una vida que vivir.

Una realidad aparte, Carlos Castaneda

27.







































Photo by: Milena Güell

jueves, 28 de julio de 2011

26. El retrato de Dorian Gray

-¿Realmente ejerce usted una influencia muy mala, Lord Henry? ¿Tan mala como dice Basil?

- No existe eso que se llama una influencia buena, señor Gray. Toda influencia es inmoral. Inmoral desde el punto de vista científico.

-¿Por qué?

- Porque influir en alguien es darle el alma. Ya no piensa sus propios pensamientos, ni se consume en sus propias pasiones. Sus virtudes no son reales para él. Sus pecados, si es que hay cosas tales, son prestados. Se convierte en un eco de la música de otro, un actor de un papel que no ha sido escrito para él. El propósito de la vida es el desarrollo de uno. Llegar a realizar a la perfección la naturaleza de uno, eso es para lo que todos nosotros estamos aquí. La gente se tiene miedo a si misma hoy en día. Ha olvidado el más elevado de todos sus deberes, el deber que se debe uno a sí mismo.

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

miércoles, 27 de julio de 2011

25. Maldita, maldita

Está tumbada en su cama con los pies en la almohada e intentando leer, lleva poco más de una hora en la misma página. Maldita imaginación, maldita, maldita imaginación. El libro le gusta, le fascina, El retrato de Dorian Gray, pero éste no consigue, desde hace un par de días, captar su atención durante más de tres líneas seguidas.

En su cabeza se repite el mantra, no lo pienses, es mentira, es una mierda, pero ¡qué genial!/ no lo pienses, es mentira, es una mierda, pero ¡qué genial!

Se harta de la página del libro y se pone a escribir. Como no tiene valor para explicarse ni a si misma lo que de verdad le ronda la cabeza, escribe sobre una chica que está tendida en la cama y que como no podía leer se ha puesto a escribir.

La broma le hace hasta gracia, el eterno retorno, pero dudo que nadie la creyese divertida si posase la mirada en su expresión.

lunes, 25 de julio de 2011

24. Falacias

Tenía una carcajada entre los labios y un llanto en el estómago.

La humedad de esas lágrimas que no brotaban le calaba los huesos, le dolían, y pese a todo sonreía.

Hubo incluso algunos momentos en los que se creyó feliz, contenta cuanto menos, pero al apagar la lamparilla de su mesita de noche no pudo seguir mintiéndose.

Había creído hallar la solución a todos sus temores, había creído, por fin, poder comunicarse, pero el olor a jazmín entró por la ventana, la brisa nocturna de verano, y al apagar la lamparilla, la oscuridad. Por mucho que lo intentó ésta no le respondió. Silenciosa oscuridad.

Luego, por un momento, dudó, no supo si sus esfuerzos pretendían alejar al llanto o a la risa, no supo si la auténtica mentira era la de haberse mentido.

domingo, 24 de julio de 2011

23. Éramos unos niños


Querido Robert:
Cuando no puedo dormir, a menudo me pregunto si tú tampoco puedes. ¿Tienes dolor o te sientes solo? Tu me sacaste del periodo más aciago de mi joven vida y compartiste conmigo el sagrado misterio de lo que es ser artista. Aprendí a ver a través de ti y jamás he compuesto un verso ni dibujado una curva que no provenga de los conocimientos que obtuve en nuestra preciada vida juntos. Tu obra, que emana de una fuente fluida, tiene su origen en la candorosa canción de tu juventud. Entonces hablabas de dar la mano a Dios. Recuerda que, en todo lo que has pasado, siempre has ido de esa mano. Cógela fuerte, Robert, y no la sueltes.
La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continuas siendo la más bella. La obra más bella de todas.

Patti

Eramos unos niños, Patti Smith

22. Oscar Kokoschka

sábado, 23 de julio de 2011

21.


Crear, al menos para mí, significa escapar, pero no escapar lejos, hacia el exterior, sino precisamente escapar de ese exterior que contamina. Significa aceptarme con humildad como el centro de mi propia vida, caer en la cuenta de que sin entenderme a mi poco puedo profundizar sobre otros temas, seguramente más interesantes. Eso vendrá después.

El arte no es un agente pasivo, nunca, nunca es pasivo. No puede serlo, si lo es no es arte, a mi no me engañan. Me pueden haber engañado mucho tiempo, años, pero ahora me doy cuenta de que sería una contradicción demasiado grande. Para empezar debe trastornar al propio artista, al artista que aún no es artista, quizás, y luego debe trastornar al espectador. Tiene que ser un elemento de transformación personal, porque es un modo de comunicación con uno mismo muy intenso, tan intenso que resulta siempre agotador, tanto que en ocasiones, las más, uno flaquea antes de empezar, cuando aún está en la fase de concepción.

Puede que eso separe al verdadero artista de aquel al que simplemente le gustaría serlo, entre los que me encuentro, espero no errar al puntualizar que “por el momento”. El verdadero artista tiene que encontrar dentro suyo las fuerzas suficientes como para sacar de si mismo toda la energía que su cuerpo contiene y convertirla en algo que no solo le transforma a él sino que puede transformar también a otros.

Pero en este punto aparece también un dilema por tantos otros discutido. ¿Dónde acaba el arte para empezar una mera provocación con fines empresariales y/o publicitarios en los que el supuesto artista es más producto que su propia obra? Artistas como Damien Hirst desde luego pueden transformar al espectador, yo tengo la gran suerte, desde mi punto de vista, de no haber visto en directo ninguna de sus obras “taxidermistas”, pero estoy convencida de que me habrían afectado profundamente y me habrían transformado, puede incluso que hubiesen sido estimulantes, pero eso no quita que las encuentre repulsivas y vacías. Lo de repulsivas puedo aceptarlo, me gusta que el arte me haga sentir, que no me deje indiferente, lo de vacías si me parece un mayor argumento para negar su artisticidad. Entiendo que la “muerte” sea el tema central de su discurso, pero también lo ha sido de muchos otros artistas en cuyas obras podemos percibir más introspección.

Es posible, sí, es posible, que Hirst realizase una profunda indagación personal y que llegase a la conclusión de que esta era la mejor forma de expresar lo que llevaba dentro, en ese caso, del mismo modo que si su obra está vacía, puedo afirmar que no me interesa como artista. Aunque he de reconocer que pese a estar muy negativamente condicionada, por mi opinión sobre su persona, antes de ver la portada del último disco de los Red Hot Chili Peppers que ha diseñado él, me ha gustado.

Puede que sea yo el problema, puede que no tenga la mente suficientemente abierta, puede que no haya que pedirle al arte un desnudo completo por parte del autor, de hecho, muchos de los renacentistas cuyas obras se centraban en las temáticas religiosas no mostraban a simple vista tampoco un mensaje profundo más allá del místico de la iglesia, no mostraban la personalidad del autor. Por un lado, al menos eran capaces de crear obras magistralmente pintadas, esculpidas... por el otro, he de reconocer, que siempre me han interesado menos que las del barroco en las que percibo una mayor presencia del artista en el lienzo y una igualmente fantástica “puesta en escena”.

Siendo yo una niña le pregunte a mi padre qué pasaba si no te gustaba ningún partido político, me dijo que en ese caso igual creía que yo lo podía hacer mejor. No puedo, sin duda alguna, tampoco puedo, en absoluto, ser una mejor artista que cualquiera de los renacentistas. Pero la mayoría de las personas dispuestas a hacer un garabato en un papel son capaces de hacer obras de arte que valore más que las de éste que está tan de moda.

Hace menos de una hora comentaba con una amiga que no creía que hubiera que juzgar el arte, no había que situarse, como espectador, por encima del artista, sino simplemente, en todo caso, hablar de lo que una pieza te hace sentir. Aceptar que no eres capaz de meterte en la cabeza del artista y que, por tanto, lo único de lo que puedes hablar sin equivocarte es de lo que a ti te transmite. Y ahora me encuentro haciendo apología de la mayor de las contradicciones, haciendo precisamente eso que decía que no quería hacer.

Así que lo retiro todo, aunque me haya salido de las entrañas y aunque francamente SIENTA un rechazo hacia este tipo de “expresiones artísticas”.

Lo retiro todo.

domingo, 22 de mayo de 2011

19.

La cama está deshecha, las sábanas rotas, la ventana abierta y las cortinas se alzan hacia la calle. Se ve a una chica sentada en el suelo, desnuda, las piernas abiertas. No es guapa, la imagen no es, en absoluto, sexual; mirada perdida, maquillaje corrido, se frota la cara en un vano intento de arreglarlo mientras el brazo izquierdo yace muerto en un costado. La moqueta está manchada, vemos una cinta de goma tirada y, a su lado, una cuchara.

- ¿Qué te parece?

- No lo se, aún no lo se, pero siento el estómago algo revuelto al mirarla.

- Perfecto, ¡es perfecto! Al menos sientes. ¡Gracias! – dijo C. riendo algo histriónicamente.- ¿te puedo invitar a un café?¿O una copa?- ya totalmente serena.

Por primera vez I. la vio. Consiguió apartar su mirada de la fotografía en la pared, la miró a ella, y minutos más tarde la veía, cuando sintió el estómago bien, la vio. Y entonces la inquietud y la sensación desagradable volvieron, C. le produjo exactamente la misma sensación que la fotografía, aunque C. sí era atractiva, o eso creía. Lo era. O no. En cierto modo.

-Claro.

miércoles, 18 de mayo de 2011

18. Pequeños descubrimientos

Hoy he descubierto en el MACBA a Frederick Kiesler. De hecho sigo en el museo y creo que antes de marcharme volveré a mirar sus piezas. Parece tratarse de un arquitecto, en la colección podemos encontrar planos, bocetos y fotografías de la maqueta de un proyecto suyo, la “Endless House”. Lo que más me ha cautivado es su espontaneidad en muchos de sus bocetos, incluso su maqueta resulta, al menos en apariencia, espontánea. Da la sensación de poder liberar por completo a su mano de los prejuicios de la mente consciente, sus bocetos realizados con tinta y agua... fluyen, son prácticamente garabatos. Siempre me han atraído los garabatos. Al ver los planos técnicos, también expuestos, es más que difícil no sorprenderse por su claro parecido. Kiesler consigue convertir algo instintivo, fruto del subconsciente, en algo técnico, físico e inteligible racionalmente.

Las fotografías de la maqueta me han fascinado por completo, tanto por la calidad de la imagen como por la maqueta en si misma. Creo que está realizada con yeso y rejilla metálica, y el resultado es un desnudo de lo más explícito, no cubre nada, no esconde los defectos, y al no esconderlos los anula, los vuelve virtudes. No hay artificio ni finura, es rudo y basto. Es sincero.

El segundo descubrimiento de hoy es el artista Nigel Henderson, sobre todo en dos de sus obras, “Territorio imaginado” y “Sepulcro de tornillos”. El primero conecta conmigo sobre todo en el concepto, en la idea de un lugar inventado, una especie de Nunca Jamás. Me parece liberador. Un sitio al que escapar, un sitio que no pertenece a nadie más, donde huir de lo racional, de lo impuesto socialmente, y aunque el llegar a ese sitio no garantice la paz, la serenidad, ni mucho menos la felicidad, me parece que supone una ayuda para el autoconocimiento. Que plasme todo esto en un plano creado con la superposición de otros mapas me resulta una especie de misterio maravilloso. Hasta hoy no conocía la existencia de este artista, nada sé de él, así que es difícil estar menos capacitada para algo de lo que lo estoy para interpretar su obra. Pero mirando mi ombligo, o su obra a través de mi ombligo, me parece encontrar una especie de chiste. Es como si estuviese racionalizando lo irracional, dándoselo al público con su propio lenguaje. Dándole una aparente veracidad a lo inexistente. Seguramente esto carezca completamente de sentido, pero hasta que conozca, (si algún día llego a conocerla), la verdadera intención, me divertiré con esta interpretación.

No puedo explicar lo que me ha absorbido de “Sepulcro de tornillos”, puede que la rudeza de la imagen, la oscuridad y la “pobreza” de la situación. Puede que se parezca a mis entrañas o puede que no tenga nada que ver... tengo que seguir investigando.

Por último, y esto no es un descubrimiento sino una reafirmación, no puedo callar la más explicita muestra de la paradoja de los museos que se ha plantado hoy ante mis ojos. Siempre estoy hablando de la impotencia que siento ante la imposibilidad de tocar algunas piezas, puede que empiece a parecer un impulso casi psicótico... con los ojos no me basta. Aún así me parece perfectamente comprensible que no se puedan tocar las acuarelas, los cuadros, y demás obras de arte delicadas, sufrirían un deterioro peligroso y absolutamente indeseado. Pero no deja de parecerme absurdo, en cambio, no poder acercarme de forma táctil a una escultura metálica, por ejemplo. (Es cierto que mis impulsos reprimidos no se limitan a estas piezas...)

Siempre he pensado que determinadas obras no pueden asimilarse por completo usando un único sentido, que son eminentemente táctiles, pero hoy, en la colección del MACBA, aparecía expuesta una obra de Muntadas, “Objeto Poema Táctil”. Ese es su nombre y estaba, por supuesto, en una vitrina.

martes, 10 de mayo de 2011

17. *

Casi 30º y un 98% de humedad en el ambiente. Estamos formados por tres cuartas partes de agua, siempre nos lo han dicho y ahora empiezo a creerlo, siento caer una gota tras otra de sudor frío; surgen entre las raíces de mi pelo, resbalan y las noto caer sobre mi nariz, sobre mi cuello, sobre mi escote. El cielo está coronado por una espesa masa gris, donde ésta se rompe no aparecen claros, sino zonas más oscuras, de un gris que se me antoja prácticamente negro. No llueve, no ha llovido en todo el día, sigo esperando la explosión que acabe con esta tensión que se hace cada vez más insoportable. Sigo esperando los rayos, las luces y los estallidos sonoros, y sentir el agua caer del cielo, para poder dejar de sentirla caer desde mi frente sobre mi nariz y sobre mi cuello y sobre mi escote. El aire está tan cargado que tengo que hacer un esfuerzo para dejar que llene mis pulmones, no puedo respirar de forma natural, tengo que ser consciente de ello en todo momento, inspira, expira, inspira, expira. Me empieza a doler la cabeza, en días como hoy me suele doler. La angustia empieza a correr por cada célula de mi sangre, se extiende por todo mi cuerpo, llega a cada uña, a cada pelo, a cada pedazo de mi piel. Me siento en un rincón de la habitación, en el suelo, abrazando mis rodillas con los brazos y bajando la cabeza. No hables, no voy a responder, no voy a oír, no voy a ver.

lunes, 31 de enero de 2011

15. Deseo de ser piel roja

Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo.

Franz Kafka, "El deseo de ser piel roja", 1913

martes, 18 de enero de 2011

14. Beatriz

(2)

¿Te has fijado? Llueve. Me gusta ver la lluvia desde la ventana, no, me gusta oír la lluvia desde la ventana. Una vez, creo que debía tener yo unos nueve años, llovía, mi madre había salido, creo que necesitaba un sombrero nuevo, o que decía que yo necesitaba uno… no lo recuerdo. La lluvia era fuerte, y me asomé a la ventana para que me mojase, de pronto no me parecía suficiente con verla y oírla desde la ventana. No se si alguna vez has visto llover así, de verdad, juraría que yo nunca lo he vuelto a ver; era una explosión de agua. Estando completamente mojada me invadió… no se como llamarlo… pero me costaba respirar a causa de los nervios, de la emoción, de pronto quería correr, necesitaba correr; quería gritar, necesitaba gritar. Salté por la ventana, no te asustes, no era alta; y me fui corriendo y chillando por los jardines hasta el barranco. Creo que esa fue la vez en que mi corazón latió más deprisa. Corrí, grité y reí. No se que era lo que me hacía gracia pero no podía parar de reír en una risa que tenía tanto o más de chillido que los que soltaba deliberadamente. No se cuanto rato estuve ahí, no me acuerdo, pero sé que de pronto llegó Iván, me cogió con una toalla y me llevó a casa, delante del fuego. Todo el mundo estaba como loco, ella completamente furiosa e ida, esa parte del recuerdo es mucho menos agradable. Ves, te he contado algo, lo único que tenías que hacer era no preguntar. Y esperar a que lloviera, claro.

¿Cómo? ¿Frustración? ¿Por qué? Tardaron bastante en cogerme, no encuentro en mi memoria otra situación en la que fuese tan feliz siendo yo una niña, ni en la que hubiese estado tanto tiempo al aire libre y sola, sin normas; fue toda una aventura, me sentía como un personaje de novela, te parecerá una tontería pero cuando estaba en casa leer era lo que más me gustaba del mundo, supongo que era una vía de escape… I wish I could find a good book to live in / Wish I could find a good book / Will if I cold find a real good book / I'd never have to come out and look. Creo que Iago fue mi amigo, él y Maca seguramente han sido los dos únicos amigos que he tenido, Iago era el que me elegía los libros y el que me enseñó a leerlos, mi tutor.

Mañana te lo cuento, te lo prometo. Estoy cansada, voy a dormir un rato, creo que esta tarde vienen Esther y Miguel.

***

jueves, 13 de enero de 2011

13. Estupicidad

Está rematadamente claro que es una estupicidad tener que decir estupidez en vez de estupicidad, estupidez no resulta lo suficientemente estúpido como para representar fielmente ciertos momentos mentales.

Es curioso pensar en las tonterías que estás pensando, es una absoluta redundancia en cierto modo, dado que darle vueltas a lo tonto que es algo es una tontería en si, pero por otro lado cuando te das cuenta de que todo lo reflexionado anteriormente era una inmensa gilipollez sin ningún tipo de sentido y entonces pasas segundos y más segundos, incluso minutos y más minutos diciendo… ¡QUÉ LA ENCIERREN!¡QUÉ LA SEDEN!¡QUÉ LA CALLEN! ¡Se ha vuelto totalmente loca! Dejas de poder pensar tonterías ajenas al tema de la estupicidad en si. Habría que redactar una tesis sobre el tema. Y tendría que ser una tesis con muchas faltas de ortografía, muchísimas de hecho, todas las que se te ocurriesen, para que aparte de ser una persona con razonamientos estúpidos parecieses estúpida de por si, incurablemente estúpida.

¿Te imaginas entrar en tu casa y encontrarte a un hombre que podría ser tu abuelo pero que claramente no lo es puesto que está haciendo algo muy extraño con un sillón boca abajo y eso es algo que tu abuelo no haría?

Hacabo de decidír que la tesis no tendria comas tampoco porque cuando empiezas ha desbariar te isterias y hacabas queriendo gritar AGHHH i si hescrives sobre esta sensacion no hesta de mas producirséla hal lector i si ha mi me acava de pasar esto del señor aciendo algo hextraño con un sillon que nunca avia bisto nunca ahbia vísto al sillon hera rojo i azul el sillón claro el señor no haunque eso uviese hestado vién.

lunes, 10 de enero de 2011

12. Beatriz

(1)

Todo lo que yo quisiera, todo, excepto aquello que necesitaba. Siendo honesta no suponía un problema, sin haber conocido eso a lo que llaman vida, no podía saber lo que me faltaba.

Tú seguramente has anhelado en algún momento ciertos aspectos de mi infancia y juventud, las comodidades, los lujos, los viajes… pero yo te he envidiado y te envidio por poder incluir en tu diccionario vital palabras como decisión, elección, amiga, padre, aire…

Hoy me ha vuelto a visitar Esther. Sigue ayudándome a ordenar las piezas de mi rompecabezas, me alivia, pero me resulta agotador. Cada pequeño fragmento de mi existencia al que logro otorgarle un sentido, que logro entender en si mismo y en comparación con una existencia normal ,(o aquello que el resto de las personas consideran una existencia normal), me roba el aire, me produce un dolor en el pecho, un desazón… cada cosa que comprendo hace que deje de comprender, o que me de cuenta de que no comprendo, otras diez.

Esther me ha preguntado porque no llevaba las medias que me trajo en su última visita, parece que está preocupada por mi salud, por si paso frío, o algo parecido, lo intenté el día que me las dio, intenté ponérmelas por la noche, y lo he vuelto a intentar esta mañana, sabía que le habría hecho ilusión, pero no puedo. De verdad, no puedo soportarlas. No se como las demás podéis. Se pegan a las piernas, si se tratase del cuello nos impediría por completo la respiración, ¡moriríamos ahogadas! y sí, es cierto, no os las ponéis en el cuello, pero eso no me calma. Me provocan la misma sensación de encierro, de ahogo, me dan eso que dijiste el otro día…¿Cómo se llamaba?

Sí, exacto, claustrofobia.

Es curioso ¿no? Mi vida ha transcurrido de principio a fin entre cuatro paredes, entre una gran variedad de paredes pero siempre entre cuatro de ellas. Lo normal sería que ahora que estoy aquí me asustasen los paseos, los jardines y me encuentro hablando contigo contándote que un par de medias me dan claustrofobia… no se a que se debe, si lo descubro pronto te lo contaré.

No, no me apetece contarte mis primeros recuerdos, esa historia ya me la se. ¿Porqué no me cuentas los tuyos?

Ya… siempre igual, estás aquí para que hable yo… pues hoy no. Creo que me voy a dormir.

***

jueves, 23 de diciembre de 2010

11. Palabras que permanecen en la retina



1_ Violet / Todo cuanto amé / Siri Hustvedt

10. Palabras que permanecen en la retina

(EXPLICACIÓN DEL PROYECTO)

[La memoria es una función del cerebro y, a la vez, un fenómeno de la mente que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar información. ]

[Los recuerdos son imágenes del pasado que se archivan en la memoria. Nos sirven para traer al presente algo o a alguien. Se definen también como una reproducción de algo anteriormente aprendido o vivido, por lo que están vinculados directamente con la experiencia.]

Podemos recordar con los cinco sentidos, del mismo modo que vivimos y experimentamos con los cinco sentidos. Ya lo exploraba Proust en su escena de la magdalena, cómo un sabor, un olor, puede evocarnos a una situación vivida, a un lugar, a un momento. La magdalena no nos recuerda en si a otra magdalena, no es un recuerdo del gusto o del olor sino un recuerdo de una experiencia total en la que el protagonista interviene en todo su ser y con todos sus sentidos.

Hace unos meses probé un tipo de galletas que nunca antes había comido y instantes después me pareció encontrarme en la terraza de un restaurante del pueblo en que veraneo teniendo yo unos seis o siete años. Me resultó muy confuso que un sabor me hiciese recordar a través de la piel, de los músculos, toqué ese sabor. Esto es claramente una sinestesia.

Desde pequeña, cuando en clase de lengua nos hacían analizar textos poéticos la sinestesia y la paradoja fueron mis dos recursos literarios preferidos. Probablemente “escogí” estos dos sin darme cuenta de lo ligados que están, una sinestesia puede en muchos casos ocurrir en la vida propia y resultar completamente paradójica. A día de hoy me encuentro en muchas de mis meditaciones y en muchos de mis escritos dando vueltas sin cesar a estos conceptos. Me encuentro en una exposición mirando un cuadro y pretendiendo asimilar su textura, su volumen su rugosidad con la mirada, por no poder hacerlo con las manos.

En este proyecto me encuentro haciendo lo mismo otra vez. Analizando los recuerdos de experiencias leídas, es decir, escuchadas en el silencio, transformadas por mi mente y por el tiempo en imágenes. Me doy cuenta al intentar seleccionar las escenas que pretendo “descuartizar” de que no con todas me es posible, de que no con todas las novelas, ni con todos los autores me es posible esta transformación. Milan Kundera, Siri Hustvedt, Haruki Murakami... incluso en algunas ocasiones Herman Hesse… Difícilmente puedo recordar sus palabras, no sabría citarles y sin embargo puedo proyectar en mi mente las escenas e historias que han tramado en sus novelas como si de películas se tratara. Películas surrealistas y sin sentido en general dado que la memoria, o mi memoria, es selectiva y no se queda con una imagen completa de lo experimentado sino con algunos retales que por un motivo u otro nos tocaron. A otros autores como Ernesto Sabato, Paul Auster o Lev Tolstoy sin embargo no me costaría ningún trabajo citarles, recuerdo sus palabras y seguramente me transmitieron lo mismo que los otros, pero no consigo en ningún caso llevar a cabo este proceso de transmutación. Me gustaría saber porqué.

El método de “descuartizado” que pretendo emplear es el de crear piezas audiovisuales a partir de estas escenas recordadas. Mi intención es la de no volver a buscar la escena en el libro, no releerla, convertir las imágenes imaginadas en imágenes videográficas. Dado que algunas de estas llegaron a mi hace años no puedo reconstruirlas como si de una historia se tratase, no hay un principio ni un fin, no pretenden tener una coherencia; es por eso que el resultado es algo así como un conjunto de películas surrealistas. Pequeños fragmentos de pensamiento, de recuerdo… superpuestos entre si.

“Palabras que permanecen en mi retina” no es una idea que vaya a tener una resolución total a corto plazo dado que no es facil y rápidamente llevable a cabo durante un periodo universitario. Requiere tiempo. Además a medida que vaya leyendo iré creando un catálogo de recuerdos literarios que posiblemente serán introducidos en el proyecto.

9. Transtorno de identidad disociativo

OCCIDENTALIZACIÓN/ORIENTALIZACIÓN

El trastorno de identidad disociativo es un diagnóstico controvertido descrito en el DSM IV como la existencia de una o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente. Al menos dos de estas personalidades deben tomar control del comportamiento del individuo de forma rutinaria, y están asociadas también con un grado de pérdida de memoria más allá de la falta de memoria normal. (wikipedia)

En el siguiente texto pretendo argumentar que la adaptación acontecida entre oriente y occidente ha conllevado un número acaso exagerado de cambios sociales aplicables a todos los ámbitos para ambas culturas, aunque mentiría si no aceptase que el caso de Oriente resulta más evidente al empezar esta adaptación muchos años antes de que comenzase la inversa. En mi opinión se produce un choque que encaja, a nivel metafórico, con el trastorno de identidad disociativo. Parece que a veces olvidamos quienes somos y cuales son nuestras necesidades para adaptarnos a aquellas que son intrínsecas de la cultura opuesta, y lo mismo a aún mayor escala les pasa a ellos. Da la sensación también, como en la enfermedad mental de que acabamos olvidando ciertos aspectos de nosotros mismos.

Si bien en mi opinión esto ha ido, sobre todo en el caso de los orientales, a un nivel excesivo, no creo por otro lado que la hibridación a cierta escala de ambas culturas sea algo negativo. Lo desconocido, lejano, exótico… siempre resulta atractivo y tentador y por tanto me resulta más que comprensible que estos cambios hayan tenido lugar.

Pretendo exponer en este artículo como de la adaptación puramente cultural se va pasando inevitablemente a una que afecta en gran manera al mundo del diseño, versionamos objetos orientales del mismo modo que ellos versionan otros occidentales. Y esto, en según que casos puede llevar a situaciones que, cuanto menos, merecen ser meditadas.

El elogio de la sombra es un breve libro que describe cómo la estética occidental ha ido infiltrándose en Oriente en general y en Japón en concreto anulando muchos de los rasgos esenciales de la original para su propia adaptación. Habla de cómo las dos culturas avanzaron en un principio por caminos separados, idóneos cada uno para las necesidades de su sociedad, no solo a nivel cultural sino también fisiológico; y cuan inoportuno es por tanto para los japoneses la actual (entendiendo que el libro se escribió en los años 30) occidentalización.

Tanizaki comenta que entiende que el hecho de que la tecnología europea avanzase a una mayor velocidad que la japonesa, china… hizo que estos se viesen prácticamente obligados a adoptar sus invenciones, tales como la cámara fotográfica, el televisor, etc. De no haber incorporado estas nuevas herramientas a sus vidas, probablemente sus ciudades hubiesen estado durante un tiempo atrasadas respecto a las occidentales pero, por otro lado, hubiesen, seguramente, acabado inventando máquinas y utensilios con una funcionalidad similar, sino idéntica, pero creadas especialmente para ellos y mucho mejor asimilables, por tanto, para si mismos.

En el libro cita varios ejemplos concretos, enfocados siempre desde la idea de que la principal diferencia entre ambas culturas es que si bien la occidental aboga por la luz, y pretende que esté cuanto más presente mejor en sus objetos y espacios, los orientales se encuentran más cómodos en un entorno sombrío, se sienten mucho más identificados con la oscuridad. En el caso de el televisor, argumenta que se inventó, aunque fuese en blanco y negro en un principio, para plasmar los tonos de piel occidentales, que si bien pueden no ser más claros son siempre más luminosos que los orientales; los ambientes occidentales, también luminosos; los objetos occidentales, sí, también luminosos.

También habla de cómo se ha ido incorporando en sus casas nuevos materiales como la porcelana blanca que reflejan la luz y la expanden exponencialmente por la habitación. Explica que esto sucede sobretodo en espacios como el baño y las cocinas. Se pretende que los objetos tengan un acabado con apariencia “lujosa” o simplemente acabados, cuando en la tradición oriental lo típico son los lacados oscuros en los boles, por ejemplo que se adaptan mejor a sus comidas del tipo sopa de miso no solo por color sino también por textura y material. Ya sabemos que los materiales del recipiente influyen en el sabor del producto.

Cuesta creer cómo siendo Japón considerado en su tradición como un espacio de sombras se han inundado sus ciudades de neones y publicidades retroiluminadas en todas las paredes hasta no dejar prácticamente un espacio oscuro. Y como si su cultura parece dominada por el silencio de los rituales, se han masificado en el volumen de coches y se han saturado de locales nocturnos que llenan el espacio de una contaminación acústica muy considerable. Si pensamos hoy en día en Japón nos encontramos obligados a elegir, entre el pueblecito que ya escasea con sus construcciones algo elevadas del suelo y sus anchos tejados que alejan la luz del interior y la macro-ciudad de luces, sonidos y tecnología. Incluso dentro de la arquitectura contemporánea, que en nada se parece a la tradicional, (del mismo modo en que la nuestra no se asemeja a las antiguas construcciones góticas), encontramos arquitectos que se decantan por la luz y otros que pese a adoptar nuevas formas siguen abrazando la sombra y un uso controlado y racionalizado de la luz, que no impregna el espacio sino que aporta un significado concreto. Es un ejemplo del primer caso Toyo Ito y del segundo caso Tadao Ando.

Otro ámbito en el que se produce una transformación, cuanto menos, singular es el de la moda, podemos ver como las propias marcas occidentales crean colecciones que venden exclusivamente en Oriente y en las que con los mismos elementos la diferencia radica en el exceso y la superposición. De esta manera lo occidental se orientaliza para que los orientales se puedan occidentalizar sin perder del todo su seña de identidad. No es raro ver fotografías de street-style chino o japonés en el que los protagonistas apuestan por un elemento estilístico que esté de moda de forma internacional, como en su día pudieron ser las tachuelas y opten no por un cinturón o un bolso, o por unas cenefas en sus chaquetas, sino por un recubrimiento total y absoluto de sus pantalones y cazadoras de cuero.

En el caso de Occidente la transformación hacia lo oriental es mucho menos obvia, para empezar, supongo, que esto se debe a que es un proceso mucho más reciente en el que vamos sumergiéndonos en la actualidad. Esto no significa que no sea existente, y que no vaya a ir a mayores en las próximas décadas. El juego de las influencias puede funcionar de un modo similar al de un yo-yo, la cuerda se alarga y se afloja y el yo-yo va de un lado a otro. Si bien en el siglo XIX la economía empezó a tener su centro en Occidente, en Europa en concreto, debido a la revolución industrial que consiguió desbancar a Oriente, en la actualidad la emergencia de Asia y la inclinación del mundo hacia Oriente evoca la situación que había antes de la dominación europea, cuando China y la India concentraban lo esencial de la producción manufacturera.

Hace unas décadas que Asia ha entrado en una dinámica de desarrollo regional que tienen como clave las políticas de Estado mercantilistas, dirigidas a una industrialización lograda a través de exportaciones y a una integración gradual y controlada en la economía capitalista. Este cambio profundo hace que Asia vuelva al centro del sistema económico y financiero mundial. Entonces si bien hoy, a comienzos del siglo XIX tenemos el centro en Occidente, más entrados en el siglo que vivimos la economía tendrá múltiples centros. El gran desafío, dice Janet L. Abu-Lughod, es conseguir una transición pacífica de un sistema a otro. Pero aunque todo transcurra sin tensiones importantes está claro que el que tiene la hegemonía económica ostenta el poder, y que éste inevitablemente influenciará a los otros. Esto nos habla, probablemente, de porqué en los últimos años la cultura oriental se ha adentrado a una velocidad mucho mayor en nuestras vidas y en nuestra cultura. Si hablamos con nuestros abuelos nos contarán que lo que hoy podemos dar por obvio en otros tiempos no lo fue tanto en absoluto.

Un ejemplo que podemos ver en las calles es el de los restaurantes japoneses, si bien en nuestras ciudades ya abundaban los de procedencia china, es en la última década, o incluso, apurando, en el último lustro, el momento en que se están abriendo japoneses en cada esquina. Esto habla más de lo que parece de nuestra transformación, a mi modo de ver, porque a diferencia de los restaurantes chinos en los que toda la administración y personal es de la misma procedencia que la comida, los restaurantes japoneses, que empiezan hoy en día, es muy frecuente que estén regentados por occidentales que de forma totalmente voluntaria y deliberada deciden abrazar la cultura oriental.

Otro aspecto en el que tendemos a un acercamiento inconsciente a oriente es en el ámbito más puramente cultural. Del mismo modo en el que Confucio ya no está tan de moda en la China, no lo están aquí ni la Iglesia, ni el Papa ni demás temas culturales autóctonos. Cada vez podemos encontrar en los quioscos más revistas como Mente Sana, Saber Vivir, Yoga Journal y en ellos cada vez aparecen más artículos sobre modos de vida orientales. Yoga, meditación e incluso medicina tradicional china y acupuntura. En las librerías por otro lado cada vez aparecen más libros sobre zen, budismo y feng-shui, es curioso que nuestro autor espiritual más vendido sea Osho y que cada vez más de nosotros, estando estresados o acartonados, acudamos sin dudarlo a las técnicas orientales, el yoga, tai-chi. Es curioso que metodologías de relajación tales como el yoga, que aquí practicamos en casi todas sus versiones para liberar tensiones, a modo de “cura”, se crearan en unos espacios en los que estas tensiones, originalmente, eran inexistentes, ellos lo crearon más bien como una técnica preventiva. Sabiendo que en lo que nosotros les hemos influido a ellos ha ayudado a que lleven un ritmo de vida más frenético y estresante se podría decir que somos exportadores de nervios e importadores de calma.

Del mismo modo que en los adultos, la infancia que ya nosotros hemos vivido ha estado plagada de elementos orientales que seguro irán aumentando con los años. Al llegar del colegio encendíamos el televisor y ¿qué encontrábamos? Series manga como Doraemon, Drago Ball, Oliver y Benji, Heidi, Naruto, Sailor Moon… Si no nos apetecía ver la tele jugábamos a Pokemon en nuestra consola Nintendo (ambas cosas de origen oriental), y por último, si no queríamos quedarnos en casa quietos es muy probable que estuviésemos en algún extraescolar deportivo, que si bien podía ser baile, básquet… también en muchos casos era algún arte marcial como tae-kuon-do o karate.

Personalmente creo, que en nuestro caso la transformación o adaptación no ha llegado a un punto en el que pueda considerarse problemática, quien sabe si en un futuro pueda llegar a serlo. Hemos importado comida, entretenimiento y pensamiento, pero por el momento hemos sabido emplearlo para mejorar lo que ya tenemos, en vez de para anularlo. En el caso oriental leyendo las palabras de Tanizaqui que tenía aún menos ejemplos de los que podría encontrar hoy, entendemos que sí se ha llevado a un extremo en el que las cosas pierden su sentido. Y si bien a nivel cultural me da la sensación de que les hemos podido aportar cosas positivas como el cambio de mentalidad sobre el papel de la mujer y como una búsqueda mayor de la higiene (viene implícita en el aporte de luz, si hay más luz la suciedad queda a la vista y por tanto es necesario eliminarla). También les hemos aportado consecuencias negativas como el estrés y la contaminación lumínica y sonora de las calles.

Para acabar creo tener que puntualizar que a diferencia de el continente europeo que es, dentro de lo que cabe, bastante uniforme en cuanto a cultura se refiere, en Asia conviven infinidad de culturas y de modus vivendi, no tiene nada que ver la China con Japón, y muchísimo menos estos con la India o la parte asiática de Rusia. Inevitablemente en este texto me he visto obligada a generalizar y a elegir qué rasgos orientales destacar, en general cuando hablo de Oriente se podría decir que hablo de China y Japón. Un artículo sobre como se han ido influyendo las diferentes culturas orientales entre si me parecería muy interesante pero, por desgracia, actualmente no tengo los conocimientos como para llevarlo a cabo.

martes, 30 de noviembre de 2010

8.Untitled

Me planto delante de la página en blanco a media noche con tantas ganas de dormir como poco sueño. Me planto delante de la página en blanco, también, con millones de dudas y escasísimas certezas. Sólo sé que no sé nada.

Siempre he pecado de ser una persona poco perseverante, de ilusionarme al instante con innumerables proyectos nuevos y no llevarlos prácticamente nunca a su fin. Uno de los propósitos que siempre está ahí es el de escribir más a menudo y mejor. Y uno de los frenos que me impide llevar a cabo esta tarea es el creer que lo que yo pueda decir o pensar sobre cualquier tema carece en absoluto de interés. Que me faltan conocimientos para poder escribir algo que a mi me gustaría leer. Me suelo decir a mi misma que voy a leer libros de historia del arte, de política, de filosofía, sociología, economía, ensayos sobre literatura… para poder generar en mi una opinión formada y con cierto “nivel”.

Hoy me han llegado a través de dos fuentes distintas estímulos para cambiar la mentalidad. Para empezar, en clase, mi profesor de estética, hablando sobre arte nos ha dicho que nos equivocamos, que siempre estamos quejándonos de lo poco que sabemos sobre arte, de que queremos culturizarnos, de que no entendemos nada, y luego vamos a un museo y pretendemos ponernos delante de una obra y decirle: “tómame”, esto resulta algo desesperado y difícilmente puede aportarnos resultados. Como en el proceso de conectar con las personas, para conectar con el arte hay que coquetear, sin esperar de él que se nos entregue abiertamente y sin más. También ha comentado que el conocimiento tiene que partir de uno mismo, que somos nosotros los que tenemos que esforzarnos en acercarnos a la obra artística de una forma ataráxica, es decir, pensando que si estando mirándola desde un ángulo concreto ésta no nos comunica nada posiblemente la solución sea cambiar nuestro punto de vista.

El otro estímulo ha venido de la mano de Ernesto Sabato, de Abbadón el Exterminador más concretamente. En esta novela el Sabato personaje escribe una extensa carta a un escritor que se siente descontento consigo mismo por las críticas que ha recibido y por no ser capaz de escribir sobre cualquier tema. S. le dice que el buen escritor nunca puede escribir sobre cualquier tema sino que, por el contrario, por muchos textos que escriba siempre habrá un fondo común con raíces en las propias obsesiones, en uno mismo. Dice que el arte desligado de la propia vida y pensamiento no tiene sentido.

Pensando entonces en que yo, queriendo escribir, tendría que centrarme como él dice en mi misma y en mis obsesiones he pasado un largo rato ahondando para averiguar cuáles son estas obsesiones y qué rasgos de mi misma me pueden resultar interesantes.

Lo único que he encontrado han sido dudas e inseguridades. Me apunto en mi lista de ideas a realizar el crear un personaje a partir de estas dudas sobre el que pueda escribir y al que pueda añadir las vivencias que me faltan. Creo que me puede resultar divertido e interesante intentar averiguar como reaccionaría delante de tales o tales otras circunstancias y situaciones. Voy a llamar a este personaje Alejandra. Sus padres, es decir, yo; la bautizarán de este modo por entender la complejidad de su personaje homónimo en Sobre héroes y tumbas y por comprender también que esta complejidad está, probablemente, intrínseca en mayor o menor grado en todos nosotros o, al menos, en mi.

Si hago acopio de constancia y llevo a cabo este proyecto, alejándome por una vez de mi falta de perseverancia, es probable que en adelante aparezcan textos varios y dispares protagonizados por esta recién nacida.