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miércoles, 22 de febrero de 2012

30. Las olas

Las olas retumban en su cabeza, en cada pestañeo todo se llena de espuma. Es un día de viento. En su cabeza. 

viernes, 17 de febrero de 2012

29. Un astro


Siempre supe que antes de haber nacido había sido un astro, una especie de estrella que flotaba en la oscuridad del universo y que un día, al ver a los que serían mis padres decidí que era el momento de mutar, de cambiar de forma, de materia, incluso de camino y emprender el que ha sido desde entonces el camino en el que estoy. Recuerdo tener unos tres años y contarle a mi madre esta historia, el principio de mi historia y que ella escuchase interesada y, desde luego, me diese la razón. Mi padre me contaba algo parecido,  al parecer nació de un huevo, en la época de los dinosaurios, fueron pasando los años, siglos y milenios y cuando mi abuela llegó al mundo decidió volver a empezar y ser su hijo. Creo que fue poco más tarde de cumplir los cinco, el momento clave, el momento en el que mi imaginación empezó a perder fuelle, el momento en que dejé de creer la historia de mi padre. En esa época dejé también de creer en la mía propia y dejar de creer en ella supuso, en cierto modo, una mutilación.
Acepto, acepto que el hombre viene del mono, y el mono, en última instancia viene una pequeña molécula, que se convirtió en bacteria, que se convirtió en pez y así sucesivamente. Acepto también que yo, antes de formar parte de mi madre, no existía de forma material, al menos no en este mundo. Pero lo acepto a regañadientes, porque no tengo ninguna prueba de lo contrario, o porque las pruebas de que así es, son perceptualmente demasiado evidentes como para negarlas. Pero la percepción, al fin y al cabo, nos lleva a tantos engaños, a tantos malos entendidos, o... a tan poca felicidad, que es, al fin y al cabo, lo que todos buscamos, que decidí hace un tiempo dejar de creer en ella y volver a creer en mi intuición.
No es tan fácil, tu tomas una decisión, pero a tu espalda hay millones de segundos acumulados de aprendizaje inoportuno, inconveniente e incoherente. Y este aprendizaje te ha enseñado a percibir a la manera del rebaño. De tu rebaño. Hay una tribu en Sudamérica que no tiene concepción del tiempo, para ellos no hay ayer ni mañana, para ellos el barco que navega es lo mismo que el río en que navega. Hay otra tribu, en África, que solo tiene cuatro palabras para definir los colores, y por eso no son capaces de diferenciar verde de azul y por eso para ellos el cielo es negro.
Si me fiase de mis sentidos, de mi percepción e incluso de mi concepto del tiempo y la velocidad sería tremendamente etnocentrista y no me apetece serlo. Así que voy a frenar, voy a dejar de interpretar las señales que recibo, voy a dejar de convertirlas en conceptos aceptables, sensatos, sostenibles y creíbles y voy a volver a ser un astro.

miércoles, 27 de julio de 2011

25. Maldita, maldita

Está tumbada en su cama con los pies en la almohada e intentando leer, lleva poco más de una hora en la misma página. Maldita imaginación, maldita, maldita imaginación. El libro le gusta, le fascina, El retrato de Dorian Gray, pero éste no consigue, desde hace un par de días, captar su atención durante más de tres líneas seguidas.

En su cabeza se repite el mantra, no lo pienses, es mentira, es una mierda, pero ¡qué genial!/ no lo pienses, es mentira, es una mierda, pero ¡qué genial!

Se harta de la página del libro y se pone a escribir. Como no tiene valor para explicarse ni a si misma lo que de verdad le ronda la cabeza, escribe sobre una chica que está tendida en la cama y que como no podía leer se ha puesto a escribir.

La broma le hace hasta gracia, el eterno retorno, pero dudo que nadie la creyese divertida si posase la mirada en su expresión.

lunes, 25 de julio de 2011

24. Falacias

Tenía una carcajada entre los labios y un llanto en el estómago.

La humedad de esas lágrimas que no brotaban le calaba los huesos, le dolían, y pese a todo sonreía.

Hubo incluso algunos momentos en los que se creyó feliz, contenta cuanto menos, pero al apagar la lamparilla de su mesita de noche no pudo seguir mintiéndose.

Había creído hallar la solución a todos sus temores, había creído, por fin, poder comunicarse, pero el olor a jazmín entró por la ventana, la brisa nocturna de verano, y al apagar la lamparilla, la oscuridad. Por mucho que lo intentó ésta no le respondió. Silenciosa oscuridad.

Luego, por un momento, dudó, no supo si sus esfuerzos pretendían alejar al llanto o a la risa, no supo si la auténtica mentira era la de haberse mentido.

lunes, 31 de enero de 2011

15. Deseo de ser piel roja

Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo.

Franz Kafka, "El deseo de ser piel roja", 1913

martes, 30 de noviembre de 2010

8.Untitled

Me planto delante de la página en blanco a media noche con tantas ganas de dormir como poco sueño. Me planto delante de la página en blanco, también, con millones de dudas y escasísimas certezas. Sólo sé que no sé nada.

Siempre he pecado de ser una persona poco perseverante, de ilusionarme al instante con innumerables proyectos nuevos y no llevarlos prácticamente nunca a su fin. Uno de los propósitos que siempre está ahí es el de escribir más a menudo y mejor. Y uno de los frenos que me impide llevar a cabo esta tarea es el creer que lo que yo pueda decir o pensar sobre cualquier tema carece en absoluto de interés. Que me faltan conocimientos para poder escribir algo que a mi me gustaría leer. Me suelo decir a mi misma que voy a leer libros de historia del arte, de política, de filosofía, sociología, economía, ensayos sobre literatura… para poder generar en mi una opinión formada y con cierto “nivel”.

Hoy me han llegado a través de dos fuentes distintas estímulos para cambiar la mentalidad. Para empezar, en clase, mi profesor de estética, hablando sobre arte nos ha dicho que nos equivocamos, que siempre estamos quejándonos de lo poco que sabemos sobre arte, de que queremos culturizarnos, de que no entendemos nada, y luego vamos a un museo y pretendemos ponernos delante de una obra y decirle: “tómame”, esto resulta algo desesperado y difícilmente puede aportarnos resultados. Como en el proceso de conectar con las personas, para conectar con el arte hay que coquetear, sin esperar de él que se nos entregue abiertamente y sin más. También ha comentado que el conocimiento tiene que partir de uno mismo, que somos nosotros los que tenemos que esforzarnos en acercarnos a la obra artística de una forma ataráxica, es decir, pensando que si estando mirándola desde un ángulo concreto ésta no nos comunica nada posiblemente la solución sea cambiar nuestro punto de vista.

El otro estímulo ha venido de la mano de Ernesto Sabato, de Abbadón el Exterminador más concretamente. En esta novela el Sabato personaje escribe una extensa carta a un escritor que se siente descontento consigo mismo por las críticas que ha recibido y por no ser capaz de escribir sobre cualquier tema. S. le dice que el buen escritor nunca puede escribir sobre cualquier tema sino que, por el contrario, por muchos textos que escriba siempre habrá un fondo común con raíces en las propias obsesiones, en uno mismo. Dice que el arte desligado de la propia vida y pensamiento no tiene sentido.

Pensando entonces en que yo, queriendo escribir, tendría que centrarme como él dice en mi misma y en mis obsesiones he pasado un largo rato ahondando para averiguar cuáles son estas obsesiones y qué rasgos de mi misma me pueden resultar interesantes.

Lo único que he encontrado han sido dudas e inseguridades. Me apunto en mi lista de ideas a realizar el crear un personaje a partir de estas dudas sobre el que pueda escribir y al que pueda añadir las vivencias que me faltan. Creo que me puede resultar divertido e interesante intentar averiguar como reaccionaría delante de tales o tales otras circunstancias y situaciones. Voy a llamar a este personaje Alejandra. Sus padres, es decir, yo; la bautizarán de este modo por entender la complejidad de su personaje homónimo en Sobre héroes y tumbas y por comprender también que esta complejidad está, probablemente, intrínseca en mayor o menor grado en todos nosotros o, al menos, en mi.

Si hago acopio de constancia y llevo a cabo este proyecto, alejándome por una vez de mi falta de perseverancia, es probable que en adelante aparezcan textos varios y dispares protagonizados por esta recién nacida.