viernes, 17 de febrero de 2012
29. Un astro
lunes, 17 de octubre de 2011
jueves, 28 de julio de 2011
26. El retrato de Dorian Gray
-¿Realmente ejerce usted una influencia muy mala, Lord Henry? ¿Tan mala como dice Basil?
- No existe eso que se llama una influencia buena, señor Gray. Toda influencia es inmoral. Inmoral desde el punto de vista científico.
-¿Por qué?
- Porque influir en alguien es darle el alma. Ya no piensa sus propios pensamientos, ni se consume en sus propias pasiones. Sus virtudes no son reales para él. Sus pecados, si es que hay cosas tales, son prestados. Se convierte en un eco de la música de otro, un actor de un papel que no ha sido escrito para él. El propósito de la vida es el desarrollo de uno. Llegar a realizar a la perfección la naturaleza de uno, eso es para lo que todos nosotros estamos aquí. La gente se tiene miedo a si misma hoy en día. Ha olvidado el más elevado de todos sus deberes, el deber que se debe uno a sí mismo.
El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde
miércoles, 27 de julio de 2011
25. Maldita, maldita
Está tumbada en su cama con los pies en la almohada e intentando leer, lleva poco más de una hora en la misma página. Maldita imaginación, maldita, maldita imaginación. El libro le gusta, le fascina, El retrato de Dorian Gray, pero éste no consigue, desde hace un par de días, captar su atención durante más de tres líneas seguidas.
En su cabeza se repite el mantra, no lo pienses, es mentira, es una mierda, pero ¡qué genial!/ no lo pienses, es mentira, es una mierda, pero ¡qué genial!
Se harta de la página del libro y se pone a escribir. Como no tiene valor para explicarse ni a si misma lo que de verdad le ronda la cabeza, escribe sobre una chica que está tendida en la cama y que como no podía leer se ha puesto a escribir.
La broma le hace hasta gracia, el eterno retorno, pero dudo que nadie la creyese divertida si posase la mirada en su expresión.
lunes, 25 de julio de 2011
24. Falacias
Tenía una carcajada entre los labios y un llanto en el estómago.
La humedad de esas lágrimas que no brotaban le calaba los huesos, le dolían, y pese a todo sonreía.
Hubo incluso algunos momentos en los que se creyó feliz, contenta cuanto menos, pero al apagar la lamparilla de su mesita de noche no pudo seguir mintiéndose.
Había creído hallar la solución a todos sus temores, había creído, por fin, poder comunicarse, pero el olor a jazmín entró por la ventana, la brisa nocturna de verano, y al apagar la lamparilla, la oscuridad. Por mucho que lo intentó ésta no le respondió. Silenciosa oscuridad.
Luego, por un momento, dudó, no supo si sus esfuerzos pretendían alejar al llanto o a la risa, no supo si la auténtica mentira era la de haberse mentido.
domingo, 24 de julio de 2011
23. Éramos unos niños

Querido Robert:
sábado, 23 de julio de 2011
21.

Crear, al menos para mí, significa escapar, pero no escapar lejos, hacia el exterior, sino precisamente escapar de ese exterior que contamina. Significa aceptarme con humildad como el centro de mi propia vida, caer en la cuenta de que sin entenderme a mi poco puedo profundizar sobre otros temas, seguramente más interesantes. Eso vendrá después.
El arte no es un agente pasivo, nunca, nunca es pasivo. No puede serlo, si lo es no es arte, a mi no me engañan. Me pueden haber engañado mucho tiempo, años, pero ahora me doy cuenta de que sería una contradicción demasiado grande. Para empezar debe trastornar al propio artista, al artista que aún no es artista, quizás, y luego debe trastornar al espectador. Tiene que ser un elemento de transformación personal, porque es un modo de comunicación con uno mismo muy intenso, tan intenso que resulta siempre agotador, tanto que en ocasiones, las más, uno flaquea antes de empezar, cuando aún está en la fase de concepción.
Puede que eso separe al verdadero artista de aquel al que simplemente le gustaría serlo, entre los que me encuentro, espero no errar al puntualizar que “por el momento”. El verdadero artista tiene que encontrar dentro suyo las fuerzas suficientes como para sacar de si mismo toda la energía que su cuerpo contiene y convertirla en algo que no solo le transforma a él sino que puede transformar también a otros.
Pero en este punto aparece también un dilema por tantos otros discutido. ¿Dónde acaba el arte para empezar una mera provocación con fines empresariales y/o publicitarios en los que el supuesto artista es más producto que su propia obra? Artistas como Damien Hirst desde luego pueden transformar al espectador, yo tengo la gran suerte, desde mi punto de vista, de no haber visto en directo ninguna de sus obras “taxidermistas”, pero estoy convencida de que me habrían afectado profundamente y me habrían transformado, puede incluso que hubiesen sido estimulantes, pero eso no quita que las encuentre repulsivas y vacías. Lo de repulsivas puedo aceptarlo, me gusta que el arte me haga sentir, que no me deje indiferente, lo de vacías si me parece un mayor argumento para negar su artisticidad. Entiendo que la “muerte” sea el tema central de su discurso, pero también lo ha sido de muchos otros artistas en cuyas obras podemos percibir más introspección.
Es posible, sí, es posible, que Hirst realizase una profunda indagación personal y que llegase a la conclusión de que esta era la mejor forma de expresar lo que llevaba dentro, en ese caso, del mismo modo que si su obra está vacía, puedo afirmar que no me interesa como artista. Aunque he de reconocer que pese a estar muy negativamente condicionada, por mi opinión sobre su persona, antes de ver la portada del último disco de los Red Hot Chili Peppers que ha diseñado él, me ha gustado.
Puede que sea yo el problema, puede que no tenga la mente suficientemente abierta, puede que no haya que pedirle al arte un desnudo completo por parte del autor, de hecho, muchos de los renacentistas cuyas obras se centraban en las temáticas religiosas no mostraban a simple vista tampoco un mensaje profundo más allá del místico de la iglesia, no mostraban la personalidad del autor. Por un lado, al menos eran capaces de crear obras magistralmente pintadas, esculpidas... por el otro, he de reconocer, que siempre me han interesado menos que las del barroco en las que percibo una mayor presencia del artista en el lienzo y una igualmente fantástica “puesta en escena”.
Siendo yo una niña le pregunte a mi padre qué pasaba si no te gustaba ningún partido político, me dijo que en ese caso igual creía que yo lo podía hacer mejor. No puedo, sin duda alguna, tampoco puedo, en absoluto, ser una mejor artista que cualquiera de los renacentistas. Pero la mayoría de las personas dispuestas a hacer un garabato en un papel son capaces de hacer obras de arte que valore más que las de éste que está tan de moda.
Hace menos de una hora comentaba con una amiga que no creía que hubiera que juzgar el arte, no había que situarse, como espectador, por encima del artista, sino simplemente, en todo caso, hablar de lo que una pieza te hace sentir. Aceptar que no eres capaz de meterte en la cabeza del artista y que, por tanto, lo único de lo que puedes hablar sin equivocarte es de lo que a ti te transmite. Y ahora me encuentro haciendo apología de la mayor de las contradicciones, haciendo precisamente eso que decía que no quería hacer.
Así que lo retiro todo, aunque me haya salido de las entrañas y aunque francamente SIENTA un rechazo hacia este tipo de “expresiones artísticas”.
Lo retiro todo.
domingo, 22 de mayo de 2011
19.
La cama está deshecha, las sábanas rotas, la ventana abierta y las cortinas se alzan hacia la calle. Se ve a una chica sentada en el suelo, desnuda, las piernas abiertas. No es guapa, la imagen no es, en absoluto, sexual; mirada perdida, maquillaje corrido, se frota la cara en un vano intento de arreglarlo mientras el brazo izquierdo yace muerto en un costado. La moqueta está manchada, vemos una cinta de goma tirada y, a su lado, una cuchara.
- ¿Qué te parece?
- No lo se, aún no lo se, pero siento el estómago algo revuelto al mirarla.
- Perfecto, ¡es perfecto! Al menos sientes. ¡Gracias! – dijo C. riendo algo histriónicamente.- ¿te puedo invitar a un café?¿O una copa?- ya totalmente serena.
Por primera vez I. la vio. Consiguió apartar su mirada de la fotografía en la pared, la miró a ella, y minutos más tarde la veía, cuando sintió el estómago bien, la vio. Y entonces la inquietud y la sensación desagradable volvieron, C. le produjo exactamente la misma sensación que la fotografía, aunque C. sí era atractiva, o eso creía. Lo era. O no. En cierto modo.
-Claro.
miércoles, 18 de mayo de 2011
18. Pequeños descubrimientos
Hoy he descubierto en el MACBA a Frederick Kiesler. De hecho sigo en el museo y creo que antes de marcharme volveré a mirar sus piezas. Parece tratarse de un arquitecto, en la colección podemos encontrar planos, bocetos y fotografías de la maqueta de un proyecto suyo, la “Endless House”. Lo que más me ha cautivado es su espontaneidad en muchos de sus bocetos, incluso su maqueta resulta, al menos en apariencia, espontánea. Da la sensación de poder liberar por completo a su mano de los prejuicios de la mente consciente, sus bocetos realizados con tinta y agua... fluyen, son prácticamente garabatos. Siempre me han atraído los garabatos. Al ver los planos técnicos, también expuestos, es más que difícil no sorprenderse por su claro parecido. Kiesler consigue convertir algo instintivo, fruto del subconsciente, en algo técnico, físico e inteligible racionalmente.
Las fotografías de la maqueta me han fascinado por completo, tanto por la calidad de la imagen como por la maqueta en si misma. Creo que está realizada con yeso y rejilla metálica, y el resultado es un desnudo de lo más explícito, no cubre nada, no esconde los defectos, y al no esconderlos los anula, los vuelve virtudes. No hay artificio ni finura, es rudo y basto. Es sincero.
El segundo descubrimiento de hoy es el artista Nigel Henderson, sobre todo en dos de sus obras, “Territorio imaginado” y “Sepulcro de tornillos”. El primero conecta conmigo sobre todo en el concepto, en la idea de un lugar inventado, una especie de Nunca Jamás. Me parece liberador. Un sitio al que escapar, un sitio que no pertenece a nadie más, donde huir de lo racional, de lo impuesto socialmente, y aunque el llegar a ese sitio no garantice la paz, la serenidad, ni mucho menos la felicidad, me parece que supone una ayuda para el autoconocimiento. Que plasme todo esto en un plano creado con la superposición de otros mapas me resulta una especie de misterio maravilloso. Hasta hoy no conocía la existencia de este artista, nada sé de él, así que es difícil estar menos capacitada para algo de lo que lo estoy para interpretar su obra. Pero mirando mi ombligo, o su obra a través de mi ombligo, me parece encontrar una especie de chiste. Es como si estuviese racionalizando lo irracional, dándoselo al público con su propio lenguaje. Dándole una aparente veracidad a lo inexistente. Seguramente esto carezca completamente de sentido, pero hasta que conozca, (si algún día llego a conocerla), la verdadera intención, me divertiré con esta interpretación.
No puedo explicar lo que me ha absorbido de “Sepulcro de tornillos”, puede que la rudeza de la imagen, la oscuridad y la “pobreza” de la situación. Puede que se parezca a mis entrañas o puede que no tenga nada que ver... tengo que seguir investigando.
Por último, y esto no es un descubrimiento sino una reafirmación, no puedo callar la más explicita muestra de la paradoja de los museos que se ha plantado hoy ante mis ojos. Siempre estoy hablando de la impotencia que siento ante la imposibilidad de tocar algunas piezas, puede que empiece a parecer un impulso casi psicótico... con los ojos no me basta. Aún así me parece perfectamente comprensible que no se puedan tocar las acuarelas, los cuadros, y demás obras de arte delicadas, sufrirían un deterioro peligroso y absolutamente indeseado. Pero no deja de parecerme absurdo, en cambio, no poder acercarme de forma táctil a una escultura metálica, por ejemplo. (Es cierto que mis impulsos reprimidos no se limitan a estas piezas...)
Siempre he pensado que determinadas obras no pueden asimilarse por completo usando un único sentido, que son eminentemente táctiles, pero hoy, en la colección del MACBA, aparecía expuesta una obra de Muntadas, “Objeto Poema Táctil”. Ese es su nombre y estaba, por supuesto, en una vitrina.
martes, 10 de mayo de 2011
17. *
Casi 30º y un 98% de humedad en el ambiente. Estamos formados por tres cuartas partes de agua, siempre nos lo han dicho y ahora empiezo a creerlo, siento caer una gota tras otra de sudor frío; surgen entre las raíces de mi pelo, resbalan y las noto caer sobre mi nariz, sobre mi cuello, sobre mi escote. El cielo está coronado por una espesa masa gris, donde ésta se rompe no aparecen claros, sino zonas más oscuras, de un gris que se me antoja prácticamente negro. No llueve, no ha llovido en todo el día, sigo esperando la explosión que acabe con esta tensión que se hace cada vez más insoportable. Sigo esperando los rayos, las luces y los estallidos sonoros, y sentir el agua caer del cielo, para poder dejar de sentirla caer desde mi frente sobre mi nariz y sobre mi cuello y sobre mi escote. El aire está tan cargado que tengo que hacer un esfuerzo para dejar que llene mis pulmones, no puedo respirar de forma natural, tengo que ser consciente de ello en todo momento, inspira, expira, inspira, expira. Me empieza a doler la cabeza, en días como hoy me suele doler. La angustia empieza a correr por cada célula de mi sangre, se extiende por todo mi cuerpo, llega a cada uña, a cada pelo, a cada pedazo de mi piel. Me siento en un rincón de la habitación, en el suelo, abrazando mis rodillas con los brazos y bajando la cabeza. No hables, no voy a responder, no voy a oír, no voy a ver.

